La famosa momia Ötzi encontrada en 1991 en los Alpes, tenía más de 50 tatuajes, vivió en el 3.255 a. C. Mucho se ha especulado sobre su significado. Otro ejemplo histórico que demuestra lo antigua que es la práctica del tatuaje es el de Eduardo VII de Gran Bretaña, tenía la cruz de Jerusalén tatuada en el brazo y extendió esta práctica entre la aristocracia británica. Ahora bien, los tatuajes hasta mediados del siglo XX mantuvieron una distancia entre la ropa decorativa, las joyas y el maquillaje.

 

Fueron las estrellas del rock de los años sesenta las que añadieron una nueva dimensión a los tatuajes. Al principio sólo la llevaban los hombres, Janis Joplin llevaba un tatuaje en la muñeca y un corazón pequeño en el pecho. Luego la moda de los tatuajes se extendió ya entre las mujeres. Los nuevos tatuajes eran monocromos, solían estar en zonas poco visibles así se podían ocultar con la ropa y con las joyas cuando era necesario.  También se ofrecía la posibilidad de ponerse tatuajes adhesivos o de henna, eran indoloros y temporales.

 

Fue Jean Paul Gaultier de los primeros diseñadores que puso tatuajes a sus modelos, unos eran falsos y otros reales. Su colección presentada en Primavera-Verano del 1994 causó impacto. En el 2009 John Galiano que trabaja por entonces para la firma Christian Dior diseñó unos estampado para medias y los sacó en pasarela. Es interesante ver cómo el tatuaje se presenta en firmas de alta costura, cuando a veces se concibe como una práctica original de las tribus urbanas.

 

 

 

Los desfiles de equipos deportivos son también una muestra de la proliferación de los tatuajes. Pero lo que me llama la atención es que algunos logotipos de marcas deportivas se han convertido en el diseño más popular de Branding humano. Éste es el caso de la marca Nike, empezaron los propios empleados de la casa a tatuarse el logo en el tobillo y luego se popularizó entre miles de norteamericanos.

Los tattoos son ya elementos decorativos muy generalizados en nuestra cultura. Sin embargo me llama la atención comprobar que cada vez son más las clínicas y centros en los que se ofrece la eliminación de los tatuajes. Para quitarse un tatuaje son necesarias hasta 6 sesiones de láser, y supone también una inversión en dinero… Me cuestiono a veces si la preocupación por mantener el cuerpo sano, en condiciones y en forma, es compatible con su exagerada decoración a base de tattoos que, en muchos casos, con el paso de los años se acaban eliminando, cosa un poco más complicada que deshacerse de un vestido pasado de moda, que en algunos casos se puede reciclar o reutilizar.

 

MONTSERRAT MARTORELL

FashionFrame Project Manager

Fashion Frame Fundación Pineda
Consultoría de moda con fines educativos. Moda, Identidad y Consumo Responsable.
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